A la señora bonita
A Alma Ethel Valenzuela
Volví a encontrarla hace tan poco
tan poco como mucho pero allí estaba ella
no pude verla creo que la imaginé
así que escuché su voz dulce
y descubrí que era precisamente
aquella voz tierna de antaño
aquella voz hecha quimera
que llegaba por el hilo inalámbrico
de un teléfono oportuno
y el resto lo hizo la imaginación
allí estaba ella, mi amiga bonita
que hoy sufría de una enorme afección.
Intentamos con ahinco no pensar en ello
y así pudimos conversar minutos pequeños
minutos que al final los hicimos enormes
y así surgieron de nuevo fantasías
ensueños, delirios
o quimeras antiguas
podía imaginar su sonrisa
sus manos de nieve
y su voz tan suave, tan dulce
tan dulce
como el turrón
y así los minutos pasaron
los minutos cruzaron
los minutos crecieron
como una llovizna suave
una llovizna tenue
que ha quedado para siempre
metida en mi corazón…
Miriam de León Escobar
Guatemala, 18 de febrero de 2021.
Astrid Cazali
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