domingo, 13 de febrero de 2011

El sentimiento

Quiero que el tiempo pase...


Fue quizás el viento que te trajo,
o tal vez el que me llevó junto a ti.
Nos descubrimos casi al mismo tiempo.
Detenidamente nos pensamos,
y el amor llegó.

Así simplemente...
como la primer lluvia de mayo,
como revienta el sol por la mañana,
así, sencillamente, nos enamoramos...

Me gustó la hondura de tus ojos
tu manera de verme,
y poco a poco me fui metiendo en tu vida
y en tus momentos.
Me imaginé entonces tu espacio,
pensé en tus minutos y tus segundos.
Quise ser parte de tus sueños...

Te imaginé entonces junto a mí,
te vi en mi camino
tus huellas junto a las mías,
los dos juntos,
un día y el otro y el otro también,
compartiendo un techo,
una mesa infinita
una mesa con un mismo centro,
soñé con tardes abiertas
y miles de luciérnagas azules
entrando a borbotones por la ventana,
haciendo nuestro cada paisaje nuevo,
con lunas y soles y estrellas de colores
juntos, los dos...
eternamente juntos...

Guatemala, viernes 11 de febrero de 2005.

Los bisabuelos

Nuestras raíces


El principio de la historia.
"Papá Grande"
y "Mamá grande"
tomaban ponche de huevo
en vasos de cristal
iniciales doradas
"ve" y "e", "efe" y "eme".

Quiero recordar ahora.
El chorro de la pila
que escupe gotas azules,
mientras se escucha
a las patojas atolondradas
que retozan en el lavadero,
sacudiéndose la pereza.

Gozándose de su travesura
los niños chupan
las mieles de las cavelinas
que en las jardineras
desmayan su cabeza.

San Nicolás es la calle,
de la casona
techo color naranja,
y gradas de piedra.

La subida larga
y el suspiro
se atraganta en la garganta,
quedando colgado de los labios.

En la entrada la tienda
y sus mostradores
con dulces almibarados
y espumillas rosadas,
y los chorizos y butifarras
colgados de las mosqueras.

En la trastienda
la panela envuelta en tusas,
el chocolate amasado,
los jabones amarillos
y la yuquía impecable.

Las gradas y allí la pequeña cocina
con la leña apilada hasta el techo
simulando una trinchera de guerra.

Llega el recuerdo:
el olor a la cera
de las veladoras y cirios,
que sale sigiloso
del cuarto de "los Santos",
rodeados de flores y rosarios
que escuchan mandas y jaculatorias.

Junto a los arriates
el comedor grandote
adornado con bodegones
y patos de plumas grises
cazados con escopetas antiguas.

En el segundo patio,
la cocina, el baño de tina
y el cuarto de Mamá Lisha
y el de la Lupita,
al fondo la caballeriza,
con sus arreos y chicotes
y luego el "poyo" arrebatado
con tizones encendidos
cocinando los frijoles con apazote
y chirmolitos que se chorrean
sobre las escudillas verde limón.

Desde aquel recuerdo,
desde aquel paisaje,
partiendo de muy atrás,
de los hijos, los nietos y los bisnietos
de Juan de León y Cardona,
de los Socorros de la Ciudad
y de los Socorros del Monte,
de los Sánchez, los Moreno,
los Villatoro, los von Ahn,
los Marizuya, los Escobar,
partiendo de muy atrás,
de los del mismo tronco,
de la calle eterna,
de la casona
techo color naranja,
y gradas de piedra,
del "Papá Grande"
y la "Mamá Grande",
de aquellos que tomaban ponche
de huevo en vasos de cristal,
aquellos de estirpe y de casta,
aquellos que tejieron su historia
con poemas y canciones,
precisamente de aquellos,
nació nuestra familia...

A Vicente Escobar y Fidelia Marizuya

Guatemala, sábado 22 de marzo de 2003.