martes, 1 de febrero de 2011

La magia

Un instante


En el otro extremo
la voz de mi madre.
Desde el hilo conductor
del teléfono
en donde las palabras
van y vienen
intentando alcanzarse.

Presiento su tristeza,
casi puedo tocar su miedo
una tremenda soledad.

Hablamos de mil cosas
trivialidades...
Acerca del clima,
de los amigos, la familia,
los almuerzos en solitario,
acerca de las noches en vigilia,
y también hablamos del alma,
...mientras en mi espacio...
la ventana
se hace presente
poco a poco
y poco a poco su paisaje
entra en el cuarto.

Las palabras se diluyen y...
de pronto el viento,
travieso, sorpresivo
sopla sobre las copas de los árboles,
y las hojas del otoño
caen como una lluvia de oro
una lluvia dorada
que parece mágica.

La plática queda suspendida
bajo corriendo
quiero guardar la imagen
captarla desde el lente
de la cámara,
pero... llego tarde...
ha sido tan solo
el hechizo
la magia
de un instante...

Entonces retomo la charla
y la voz de mi madre
suena muy lejos
otra vez
presiento su tristeza
toco su miedo
y una tremenda soledad
inunda mi cuarto...

Washington, 2 de diciembre de 2008.

Amnesia

Ausencia...


Como cualquier día
desperté temprano,
como programada
empecé a moverme de prisa.
Me acerqué como otras veces
a un fogón dibujado
y entonces el café
y la avena surgieron.
Y creo que todo
pasó de esa manera...

El ruido de la mañana
entraba por las ventanas,
y el sol brillante empezó
poco a poco a apagarse,
como en un cine viejo que se prende
con escenarios en blanco y negro.

Me maginé dormida
y desde ese punto
el alma se me salió del cuerpo.
Fue como morir un poco
ya que mi ausencia
llegó en ese mismo instante
en el que mi mente
cercó tajantemente el recuerdo.

Él fue quien me lo contó:
que sí... que le besé
y le amé apasionadamente
como siempre ocurría,
en los encuentros cotidianos,
que sí, que así fue,
que me perdí en sus brazos
y que ese beso
oblicuo y perpetuo
lastimosamente
para siempre lo borré...

Tomé una ducha
y esperé por él,
como en un limbo de tristeza,
sentada en la orilla de la cama
y en la búsqueda angustiosa
de mi memoria.
Lloré entristecida entonces...
Le pedí a él cuentas de mi historia,
de mis momentos más cercanos.
Pero estaba perdida
sin saberlo siquiera
y eso terrible me estrujaba
implacablemente el alma.

Morí un poco aquel día...
Seis horas de mi vida
se borraron de mi memoria
dejándome confundida y vacía.

¡Tuve miedo a dormir
y luego negar lo indiscutible!
Olvidar los rostros que conozco
y no encontrar
el beso que me aguarda...

No quiero despertar,
no quiero despertar
como aquella mañana,
en que mi ausencia
llegó así, de golpe,
como cuando por la ventana
entraba el ruido de la mañana,
y el sol brillante empezó
poco a poco a apagarse,
aquel día...
cuando morí un poco
y el alma
se me salió del cuerpo...

Washington, 20 de septiembre de 2009.