La sirena
en mi silencio de destierroen mi habitación personal
se metió como un verdadero intruso
era un aullido
un aullido apesadumbrado
un llanto de desconsuelo perpetuo
era un lamento que parecía no terminar
¡uuuuh! ¡uuuuh! ¡uuuuh!
las paredes se estremecían
como si fueran de paja
y sentía que esas paredes
caerían en cualquier momento
y el grito parecía no tener fin
cerré los ojos y no quise pensar más
no quería imaginar
inventaba si, percibía
a esa vagoneta blanca
con la cruz pintada en su puerta
esa vagoneta indiscriminada
que no cesaba de gritar
no paraba de aullar
y yo imaginaba
a alguien,
un cuerpo sin cara
un cuerpo sin sexo
que se acurrucaba
alguien que casi no respiraba
alguien que poco a poco
se hacía más pequeño
alguien que se hacía más volátil
alguien que poco a poco
aprendía
cómo
es
eso
de
morir…
Miriam de León Escobar
Guatemala, 5 de marzo de 2020.




