miércoles, 4 de marzo de 2020

El tendedero

Allí estaba, a mi diestra
la ventana, amplia, rotunda y luminosa
atravesada oportunamente por el balcón
ese balcón de círculos y líneas
con figuras continuas y categóricas
que simulaban una expresión molecular
y como si fuera un fantasma surgía la persiana
misteriosa y tenue, donde ambos balcón y persiana
se jugaban el oficio de desaparecer el patio
mientra tanto yo sentada e inómovil
intentaba capturar, encontrar,
o descubrir lo que allí se ocultaba,
y así los ojos subían y bajaban
tratando de hurgar cada vez más
escuriñando, pescando, curioseando
y poco a poco iban atrapando imágenes
como un cine en cinemascope permanente
en donde la primera escena
era una pared cubierta de hiedra
luego surgían láminas resbalándose
que presumían de permanecer derechas
cuando de pronto, sorpresivamente
miles de colores inundaron mi espacio
rojos, verdes, amarillos y fuxias,
casi como si fuera un torbellino
entraban como un torrente
como una lluvia de imágenes
invadiendo mi cuarto,
me quedé de una pieza
¡era el tendedero!
ese tendedero de lazo trenzado
que ondeaba en el patio
con camisas, sacos, calcetas y mantas
todo suspendido simulando una multitud
y… las gotas de agua
escurriendo de las mangas, de los cuellos y los ruedos
todo moviéndose despacio como si fueran personas
y así,  todo surgía poco a poco
como si fuera un cuadro permanente
un cuadro de Picasso
un cuadro tan lleno de colores
queriendo abrazar la tarde…

Miriam de León Escobar
Guatemala, 28 de febrero de 2020.

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