jueves, 4 de junio de 2020

El cuadro

Simplemente veía la pintura de mi padre
ese cuadro que surgía con colores tenues
con matices iluminados por pinceles seductores
lucido con tonos rojizos, ocres, verdes y grises
esas tonalidades de óleo que parecían encerrar el sollozo
y fue allí donde él precisó su historia,
la historia de la enorme casa de pisos cenizos
y peldaños de piedra.
Y así que me dije que había llegado el momento
Debía escudriñar en los trazos tan sentidos
y un poco hurgar en su maestría
era allí donde surgíría poco a poco
la memoria cifrada de mi padre
allí estaría el patio de la casona
de los papás grandes, grandes
de los bisabuelos de abanicos,
botines y camisas de seda…
Y hoy descubría la imagen de la abuela
con lágrimas en los ojos
mientras su hermana,
permanecía a su lado muy quieta.
Si, era el adiós a la casa, la casa de la memoria toda
con sus vajillas, sus copas y candelabros
embalados con papel y algodón suave
y así la pena y la nostalgia
sabía que se irían apilando poco a poco…
Entonces vi en el fondo las gradas de madera
y más atrás en el zaguán
el señor de la leña,
y mientras tanto las flores
se asomaban en el cuadro
como espectros dorados
queriendo robarles el suspiro
mientras ellas seguían allí, valientes y recias
queriendo permanecer o imaginar
que jamás se marcharían
y que poco a poco se convertirían
en raíces de árboles,
en flores, pájaros, tejas
o columnas
de la casona
aquella…

Miriam de León Escobar
Guatemala, 8 de mayo de 2020.

Cuadro pintado por mi padre José Roberto de León Escobar, Chobe, en 1973.


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