martes, 8 de enero de 2013

A mi padre Roberto de León Escobar



Morí ayer…

Abrí los ojos
y la noche llegó
violenta, oscura…

La penumbra
me golpeó el alma
Y la luz se perdió
poco a poco
entre la niebla.

Mi horizonte ya no estaba.
Morí un poco aquel día.
Quise compensar
lo incompensable
el poder ver…

Me di ánimo
a mi mismo
dándome golpecitos
piadosos
en el hombro…
Y quise creer que sería temporal.

Pronto llegarían…
las manos prodigiosas
del cirujano idóneo
o los conjuros secretos de
de los magos
y Maximones
y… sí… volvería a ver.
Volvería a ver…
otra vez
ver
los campos rosados
de trigo
los atardeceres de   terciopelo
y especialmente…
las letras de mis escritos,
eso… era lo más importante…
mis escritos urgentes…

El tacto se agudizó entonces,
los aromas fueron intensos
Y escuché mejor los susurros…

En el mundo de las sombras
Estaba inexplicablemente yo
Aunque no podía entenderlo…
Frente a mí
estaba todo,
quería escribirlo,
compartirlo…
Pero faltaba algo,
lo imprescindible
los ojos…
La noche llegó violenta
La oscuridad
me golpeó el alma
mi horizonte
ya no estaba
morí un poco aquel día…
Desde aquel día…
Yo…
ya estaba muerto…

Washington, enero  07 de 2013.

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