Tikal, el lugar de las voces
Una noche
soñé con ellos,
bajo el cielo
se escuchaba
el murmullo...
soñé con ellos,
bajo el cielo
se escuchaba
el murmullo...
Eran los espíritus
de la pirámide,
que caminaban
en medio de la noche,
susurraban
entre los caobos,
ramones y cedros.
de la pirámide,
que caminaban
en medio de la noche,
susurraban
entre los caobos,
ramones y cedros.
Escuché entonces
sus pasos,
los vi levantarse
majestuosos,
altos y llenos
de magia,
eran los señores
del gran templo,
los del santuario
con cara de jaguar:
Hasaw Chan,
K’awil,
Yik'in Chan K'awil
y Yax Ain.
Caminaban despacio
mientras la neblina
seguía silenciosa
sus pasos,
mientras
el incienso
se pegaba a sus ropas
y la brisa húmeda
besaba sus rostros,
era la voz
de los abuelos
que se perdía en la selva.
Mi corazón
se encogió,
mi respiración
se detuvo,
las plegarias apretadas
se elevaron,
de frente pude entonces
admirar a Tikal,
enorme, hermosa,
plena y llena de magia,
la luz de la luna
pintada en sus escalones
y las estrellas
en conversación
perpetua,
desperté de pronto,
creí que era un sueño,
que no era real,
de pronto
descubrí las huellas,
sentí el aroma del pom,
escuché la música
del hormigo,
tuve conciencia
del lugar
era verdad,
era el lugar
de las voces,
no era una fantasía,
di gracias
a los dioses mayas,
porque ahí
estaba frente a mí
la majestuosa...
sus pasos,
los vi levantarse
majestuosos,
altos y llenos
de magia,
eran los señores
del gran templo,
los del santuario
con cara de jaguar:
Hasaw Chan,
K’awil,
Yik'in Chan K'awil
y Yax Ain.
Caminaban despacio
mientras la neblina
seguía silenciosa
sus pasos,
mientras
el incienso
se pegaba a sus ropas
y la brisa húmeda
besaba sus rostros,
era la voz
de los abuelos
que se perdía en la selva.
Mi corazón
se encogió,
mi respiración
se detuvo,
las plegarias apretadas
se elevaron,
de frente pude entonces
admirar a Tikal,
enorme, hermosa,
plena y llena de magia,
la luz de la luna
pintada en sus escalones
y las estrellas
en conversación
perpetua,
desperté de pronto,
creí que era un sueño,
que no era real,
de pronto
descubrí las huellas,
sentí el aroma del pom,
escuché la música
del hormigo,
tuve conciencia
del lugar
era verdad,
era el lugar
de las voces,
no era una fantasía,
di gracias
a los dioses mayas,
porque ahí
estaba frente a mí
la majestuosa...
¡Tikal...!
Guatemala, julio 4 de 2002
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