jueves, 26 de noviembre de 2020

Borrasca

Hoy recordé la lluvia de ayer
aquella que me hacía tan feliz
sentirla en la cara, en el pelo,
en el cuerpo, era una verdadera seducción
era como un abrazo o un beso
algo que te daba serenidad
y el premio: ¡eran los charcos!
esos laguitos pequeños después del aguacero,
que hoy vienen a mi memoria, aquellas pocitas lodosas
que eran una invitación para brincar,
chapotear con los zapatos en ese momento empapados,
recordarlo me hacía tremendamente feliz
el poder rememorar aquella lluvia
me llegaba como algo anhelado.
En un instante todo cambió
surgió una lluvia nueva con voz de trueno
llegó de golpe con un bramido ronco
y con un viento espeso como oleaje,
era un vendaval rudo que aullaba desesperadamente
vi entonces la tristeza amplia en los caminos
que poco a poco se quedaban sin senda.
Los árboles se quebraron entonces
como trigo machacado
como maíz roto por mazos y dientes
no sabía que pasaba
¿por qué la lluvia se convertía en tempestad?
en un monstruo que crecía y crecía
dominaba los cielos, el tiempo y se hacía más sombrío
la vi entonces golpeando con la fuerza del odio
hundiendo sus dientes, sus garras
acabando con todo, con la gente, con la hierba
ahogando, destruyendo y matando
despiadamente por su paso,
la desconocí entonces y ya no quise saber más de ella
de esa lluvia mala con capa de viento
esa lluvia atolondrada y maligna
ese vendaval villano
que con gotas perversas
me iban ahogando poco a poco
el alma…

Miriam de León Escobar

©️®️

Guatemala, 10 de noviembre de 2020.




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