viernes, 23 de octubre de 2020

El andariego

Frente a ti… la vereda
lo veías y no podías dejar de verlo
lo observabas por última vez
tan pequeño y tan angosto, era tu rancho,
las paredes de adobe y paja
sus esquinas anochecidas
te enganchaban
te estabas yendo ya sin remedio.
Una bolsa amplia de brin
laxa y oscura acogía
las dos camisas y un pantalón,
solo lo necesario
llevabas el pañuelo con su beso
guardado en el medio…
La gente había empezado a irse
la salida se hacía urgente
la muerte había llegado despacio
con el hambre, la malaria,
la calentura, el frío y la ignorancia.
Dejabas tu casa, tu aldea y tu tribu.
Así que miraste atrás por última vez
tu rancho y sus manos te apretaban el pecho,
tan miserable y pequeño, tendrías que agarrar camino,
te amarraste el cincho y dese allí empezó la ausencia…
El abandono fue profundo
y la tierra nueva te rompió el pecho
y también el hoy, el mañana y el siempre.
Y hoy haces memoria,
cada vez que el sol asoma,
cada vez que la luna se abre
y especialmente cuando las estrellas titilan
inevitablemente imaginas tu rancho
y traes a la memoria su cobijo
con aquel mismo sol, con aquella misma luna
y las mismas estrellas…
Irremediablemente vuelves la vista atrás
la sueñas a ella en aquella choza pequeña
con sus paredes de adobe
con sus paredes de barro
que aún hoy, te siguen sujetando
el pecho…
Miriam de León Escobar
©️®️
Guatemala, 23 de septiembre de 2020.




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