jueves, 9 de mayo de 2013

A Silvia Obregón




De puntillas...

Llegó con el alba.
Deslizándose suavemente
y en silencio…
y su beso 
quedó suspendido
como una estrella
se prende del amanecer.

Con paso sigiloso
y huella diminuta,
como una sombra…
azul a veces
y otras transparente,
su caricia se acercó
discretamente.

Sentí de pronto
su abrazo tímido,
y su presencia
me golpeó derramándose
intensamente...
casi a borbotones.

Estaba allí,
pero no podía verle,
tampoco tocarle,
sin embargo presentía su latido.

Entonces se aceleró mi pulso,
y en una sola corriente
y en un mismo camino…
nuestra sangre
se hizo una sola.

Como un ave
recostó su ala,
y de pronto…
mi vientre renació
como un cántaro de nardos...

Sus dedos se prendieron a mis vísceras,
y sus manos hicieron nido en mi vientre,
y en la primavera…
el otoño…
o quizás en el invierno
llegará de puntillas...,
...y me llamará
…madre…


Guatemala, abril de 2001.

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